La mirada de Goya

 Esposados

Fotograma de “Esposados”, de Fresnadillo

No es la primera vez. Este desasosiego vuelve a visitarnos con implacable puntualidad. El amor a nuestro cine nos obliga, así lo entiendo yo al menos, a reflexionar sinceramente sobre el contenido y la forma de la ceremonia de entrega de los Premios Goya. ¿Qué queremos transmitir, de verdad? ¿Esperamos conectar con nuestro público? ¿Necesitamos ser acogidos por éste? ¿Comprendidos, amados por éste? ¡Sí, claro…!

Estas y otras preguntas debemos hacérnoslas evitando a toda costa el corporativismo, el apoyo incondicional a la tribu a la cual pertenezca cada quién, o el ataque sistemático y arbitrario a todo lo que se mueva. No debería ser tan difícil, ¿no? Digo lo de replantearse este asunto de manera un poco sensata.

 Somos una pequeña industria artesanal, los números que manejamos así lo reflejan; está bien, así es y no supone desdoro alguno. Somos, además, ciudadanos semi bastardos en un pueblo que todavía nos mira de soslayo –y sus gobiernos más de soslayo todavía- desde tiempos remotos. Eso tampoco está mal del todo. Cierto que, ojalá, tuviéramos el reconocimiento social y el apoyo público que nuestros vecinos franceses o la legislación libérrima para los capitales de Estados Unidos, que tanto facilitan y apoyan su cine- pero no es así y ya está bien de no aceptar esa realidad y de auto compadecernos; tampoco los científicos, o los educadores, están bien considerados ni apoyados y son fundamentales en la construcción y desarrollo de un país, ¿no es cierto?

 Luchemos por nuestro cine pero empecemos a pensar, de una buena vez, en si la forma en que lo hacemos es la más útil, adecuada al lugar que, como parte de la vanguardia del país deberíamos tener o, por el contrario, estamos en un nivel de discurso un tanto “Chiquitita dime por qué”, que dirían los ABBA y, eso, perdónenme los queridos hermanos en la cinematográfica pobreza, no sé si es justo con el público ni con nosotros mismos.

 ¿Qué impulso nos lleva a querer copiar un concepto que, ni por industria ni por idiosincrasia, comprendemos, ni podemos abarcar? Los españoles tenemos poca costumbre de hablar en público, así, en general y aquí también se nota. No acierto a comprender la necesidad de elaborar un guión ‘gracioso’ porque una gala no puede ser graciosa, a no ser que forme parte de una película de Lubicht.

 Si nos empeñamos en que sea graciosa, en vez de simplemente profesional -y un mínimo sobrellevable  por la altura del contenido que se muestra- tendrá que presentarla, indefectiblemente, alguien que sepa hablar con naturalidad y sin artificio, que sea ameno y no apriete las frases y los gestos, que sea inteligente, con bagaje cultural y costumbre sobrada de estar ante el público para salir de las situaciones con la chispa y facilidad que sólo el oficio y el bagaje permiten.

 Las auto bromas sobre lo mal que lo hacemos resultan sonrojantes cuando comprobamos -año tras año, aunque con honrosas excepciones- que, efectivamente, es así. Lo de la Gala, digo.

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Foto: Pedro Mari Sánchez

 Echo tanto de menos, como espectador, que se hable más de los valores artísticos de las obras premiadas, de su discurso, de su forma, de aspectos reveladores sobre lo que hay detrás de las producciones, que a cualquier aficionado al cine le entusiasmarían y, sin embargo, nos empeñamos en hacer un larguísimo repaso de agradecimientos a todos y cada uno de los miembros del equipo, a quienes te han contratado, a familias propias y ajenas que, sin entrar en la libertad que cada uno tiene para expresar sus sentimientos, aburren hasta a las pacientes ovejas del Campo de las Naciones… Unidas, si fuere el caso.

 Echo de menos, por más que la verdad incuestionable de los números nos den la razón, un discurso institucional más elevado, mas ilusionante y rebelde a la vez, más comprometido con el papel que el cine juega en nuestro imaginario como pueblo para contagiarlo a ese pueblo. Nuestro cine debe contagiarse ya desde la manera en que hablamos de él. ¡Hablemos como artistas, por favor…! Los gobiernos ya saben todo lo que no hacen y todo lo que hacen para que no se haga. Repetir cifras a quien las conoce de sobra, porque es quien las ha impuesto, o denunciarlas, en una larga sucesión, a una audiencia que también carga con lo suyo no es la decisión más acertada, por más que  justamente razonada, al menos como yo lo veo.

 Soy actor desde, casi, el nacimiento de mi memoria. Soy académico desde hace bastante menos. Mi mirada es la del cine y amo al cine. Años atrás, rodando con Giménez Rico, me comentó Teo Escamilla, que era el director de fotografía, el reciente nacimiento de la Academia y me invitó a formar parte de ella. Aunque no me hice miembro, por extrañas razones de  juventud y confusa rebeldía sin causa, siempre seguí con el mayor interés todo su proceso, sus vicisitudes, sus Galas y sus Difuntos.

 Hablando de los actores, ya que he entrado en este terreno, debemos ser conscientes de nuestro papel en y ante la sociedad y es muy cierto que  no podemos borrarnos como ciudadanos. Deberíamos, eso sí, entiendo yo, encontrar un equilibrio entre discurso artístico y discurso social ya que, como ciudadanos libres e iguales ante la Ley, a ello tenemos derecho y creo muy sinceramente que, también,  la obligación.

 Es cosa, ya para terminar, de ser algo más humildes en la pompa y más ambiciosos en el discurso. Seamos más artistas, que no mudos ciudadanos, quede claro…

 Hace mucho tiempo, en una lejana comarca del sur de España, durante un rodaje, oí a un lugareño decir esta frase que me ha acompañado y alegrado durante toda mi vida:

 “Entre tocar la trompeta y estarse callao hay un término medio”

IMG_2677Foto montaje Pedro Mari Sánchez sobre fotos de Antonio Suárez

De rodajes y ‘selfies’

Este comienzo de año me ha ofrecido la oportunidad de hacer eso que llamamos una colaboración especial para la serie “Cuéntame cómo pasó” Es un equipo estupendo, competente y amable, que hace que todo sea muy agradable. Me siento muy afortunado por compartir estos días con ellos. Aquí unos ‘selfies’, auto retratos, de toda la vida, con mis compañeros. En próximas fechas habrá más.Con Jorge Roelas

 

Un momento para mirar a quien nos mira. Con Jorge Roelas, aquí.

Con Pablo Rivero

 

Con Pablo Rivero. Sonrientes, a pesar del frío de esa mañana, en el exterior del set.

Con Alberto Alonso

 

Con Alberto Alonso, a quien tuve el placer de dirigir -y compartir escenario también- en “La tercera palabra”, texto teatral de Alejandro Casona.

Set Cuéntame

 

Imagen del rodaje. Cámara al fondo y los actores colocados como si estuvieran sentados a la mesa… inexistente. Momento blanco y negro, para ambientar.