Mundos paralelos

Soy un tipo con mucha suerte: adoro mi trabajo y soy feliz compartiendo lo poco que haya podido aprender a lo largo de mi vida. Estos últimos días he estado trabajando en mundos completamente distintos, al menos en apariencia. Por un lado he vuelto al rodaje de Cuéntame cómo pasó con mi malvado inspector Bretón, cosa que siempre me proporciona una enorme alegría. Por otro lado he impartido un Seminario Taller en la prestigiosa asociación APD, en Madrid. Ha sido una experiencia fabulosa para mí y, por lo que indican las evaluaciones de los asistentes, también ha sido para ellos algo enriquecedor, útil y valioso, por lo que estoy sinceramente agradecido y trabajo ya para mejorar cada detalle. Puede parecer sorprendente comprobar cuánto llegamos a parecernos un ejecutivo del mundo de la empresa -un CEO, por ejemplo-  y un actor pero es que, en realidad, ambos partimos de situaciones casi idénticas y con idénticas necesidades y objetivos. Un alto ejecutivo también es depositario de un discurso determinado que ha de hacer llegar, formalmente, a un público, con nitidez, solvencia, aplomo y sinceridad; ha de ser creíble, en suma.

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                                                  Con Pablo Rivero. Rodaje Cuéntame…

Un ejecutivo, al igual que un actor, puede alterarse ante una intervención y, producto de su inseguridad, construir una apariencia de personaje que le aleja del público, pues no entra en el terreno real de la escena; aquel en el que no puede entrar una falsa imagen, una suplantación de uno mismo, producto de las defensas que hemos levantado para ocultar nuestra inseguridad, o incluso nuestro miedo. Quiero decir con esto que la mayor parte de los errores que cometemos, como actores, o portavoces corporativos, son producto de <<no estar ahí>> y, como consecuencia de ello, no es nuestra voz, nuestro gesto, nuestra intención, lo que se hace presente. Comunicar con la audiencia se convierte, entonces, en una aventura imposible porque hemos abandonado, hemos decidido, previamente, no asistir de verdad al encuentro y hemos enviado otra cosa, una especie de fotocopia que no tiene la materia, dimensión, densidad, color y, mucho menos, el espíritu de un ser humano.

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                                                     Metido en faena, en APD Madrid

Todos necesitamos de quien nos transmite algo que se persone, por más que la frase resulte una obviedad. Necesitamos que se implique, que nos llegue claramente el mensaje  de que nos tiene en cuenta y que le importamos. Le comentaba, al hilo de este argumento, a un alto directivo, a quien estaba haciendo una evaluación para mejorar sus condiciones de comunicación, que no actuara, que no hablara, como un Consejero Delegado sino como una persona que desempeñaba el cargo de Consejero Delegado y que se estaba dirigiendo, a su vez, a otras personas que estaban allí para escuchar sus palabras. Esto, con los matices relativos a la convención aceptada por todas las partes, en el acto teatral, es exactamente igual para los actores. Por más que representemos un determinado personaje <<no podemos no estar presentes>> y escondernos en un falso disfraz que sólo puede lograr un artificio ajeno a la verdadera naturaleza del personaje, pues éste requiere ser, como en el caso del ejecutivo, <<encarnado>>. Solo a partir de ese hecho y con el suficiente trabajo es posible una verdadera comunicación.

Fotofinish APD

                                                             Foto finish APD Madrid

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