La Palabra Mágica

(Extracto de la conferencia pronunciada en el Club Cámara de Madrid y otros foros empresariales)

El ser humano sigue en la Edad del Fuego. Ninguna realidad aumentada, ninguna inteligencia artificial ni biotecnología pueden sortear ese pequeño paso, imprescindible, para que todo funcione: el fuego. Siempre ha de haber una chispa, una explosión o combustión, para que se despliegue toda nuestra deslumbrante tecnología.

 

Los humanos se reunían alrededor del fuego para contarse la historia del mundo. Y lo hacían con palabras. La palabra está en los mitos de la Creación.  En el judeocristiano, según el Kata Ioannen se dice: En el principio estaba la Palabra y la Palabra estaba junto al Dios… etcétera. También, según relata Bruce Chatwin, en el origen creacional de los aborígenes australianos, donde se cuenta que toda la creación está oculta en senderos invisibles de la tierra que son recorridos por seres totémicos. Esta creación oculta, si es cantada por alguno de ellos, sale a la superficie de la realidad perceptible por el hombre; sólo entonces existe.

 

La palabra, pronunciada, en su verdadera magnitud polidimensional, deviene Palabra Mágica, creadora de posibles. Su naturaleza, así manifestada, se ha mantenido durante siglos en la conciencia de valor que le corresponde. Sin embargo, a partir de la Segunda Guerra Mundial y de la Revolución Financiera que la sucedió, de la incipiente Revolución Tecnológica y la posterior Revolución de la Comunicación, la palabra pronunciada ha empezado a ser percibida –especialmente en los años del despegue de las plataformas móviles de comunicación- como algo casi irrelevante en la vida de las personas y las empresas; se le ha despojado del papel de construcción de mundo que tiene, en el imaginario colectivo.

 

En el Club Cámara de Madrid

En el Club Cámara de Madrid

Curiosamente es el mundo de la empresa el lugar desde el que –hoy día- se está reclamando un perfil de profesionales que requiere altas capacidades de comunicación (no virtual, sino oral, presencial), de trabajar en equipo, de empatizar. Incluso se valora aportar un relato personal. Estas capacidades tienen un enorme peso a la hora de elegir uno u otro candidato para incorporarlo al equipo de trabajo; tanto como lo tienen las titulaciones.

Y todas estas capacidades están íntimamente ligadas al lenguaje hablado, la forma de comunicación esencial del ser humano, la más completa y compleja porque une al significado de las palabras todo un universo sonoro que llega allí donde la mera comprensión racional de las palabras no puede ni siquiera imaginar. Nos vincula físicamente, vibracionalmente, a la memoria remota de nuestra percepción del mundo.

 

Todo está cambiando y lo está haciendo a una velocidad que no es fácil procesar, no ya intelectualmente, sino psicoemocionalmente. El cordón umbilical que nos une, como especie, se compone de sonidos, de palabras pronunciadas. Con ellas entusiasmamos a alguien para embarcarse en una aventura, en una empresa –o su transformación- en un proyecto vital. En este cambio de paradigma sigue siendo imprescindible, para que todo funcione, el fuego. Alrededor del fuego se contaban y recreaban las historias de los hombres. Fuego, sonido y relato están íntimamente unidos a la vida de los seres humanos.

 

Una palabra, aún leída en silencio, tiene un sonido interior. El sonido está en el origen del mundo. La palabra es sonido. La palabra escrita solo existe porque existe la palabra pronunciada. Aquella existió para dar referencia de ésta. Cuidémosla. Cuidaremos del mundo.

 

Deja un comentario